EL CRECIMIENTO EMOCIONAL EN LA INFANCIA
Los niños nacen con unas capacidades básicas que se irán desarrollando a través de las relaciones afectivas y sensoriales que les proporciona el entorno.
Su primer grupo afectivo es el familiar; en el momento en que los futuros padres saben que esperan la llegada de un hijo comienzan a venirles a la mente expectativas, deseos e ilusiones, por lo que el niño comienza a ser una imagen mental y se va creando un primer vínculo primario importante.
Establecer vínculos es una capacidad que el bebe tiene desde que nace. Los vínculos afectivos con el entorno pueden provocar alegrías, ansiedad, tristeza, amor, frustraciones, etcétera. Esos vínculos afectivos serán la base sobre la que el niño irá construyendo y desarrollando un crecimiento emocional autónomo.
A medida que el bebe crece va ampliando sus grupos de relación afectiva. En la escuela los vínculos que va desarrollando con sus profesoras y compañeros irán adquiriendo cada vez mayor importancia. La forma que tenga el niño de acercarse a sus nuevas amistades tendrá como parámetro las relaciones que haya establecido inicialmente con sus padres.
Uno de los objetivos de la educación de las emociones es que el crecimiento emocional vaya siendo autónomo, es decir, que la persona pueda relacionarse y vivir sin sumisión sentimental hacia los demás. Para que este crecimiento autónomo pueda producirse, será necesaria una actitud por parte del entorno del niño, y sobretodo de su familia, que le permita distanciarse del “cojín afectivo” que le ha permitido sentirse querido y contenido.
Asimismo, las relaciones entre niños constituyen un marco ideal para aprender a regularse e ir encontrando sus propias herramientas de superación de conflictos. Si respetamos estas relaciones aprovecharemos una situación de oro para que los niños sigan este proceso de crecimiento personal.
Saber esperar es no intervenir inmediatamente ante un conflicto, sino observar, escuchar, confiando en los niños pero siempre preservando su seguridad. Es importante que el adulto no cubra ninguna tarea que el niño pueda cubrir solo, facilitando que sepa probar antes de pedir. 

Por tanto, evitar la sobreprotección y favorecer la independencia del niño será también una tarea básica para fomentar un crecimiento emocional autónomo.

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