LA DISCIPLINA POSITIVA

Conseguir el equilibrio entre ser demasiado permisivo o ser demasiado restrictivo con los niños no es una tarea fácil. Sin embargo, sabemos por diversos estudios que los niños cuyos padres ponen límites firmes, crecen con una mayor autoestima y confianza, que aquellos a los que se les permite comportarse de cualquier manera.
La disciplina consiste entre otras cosas en poner límites. No es una tarea fácil y se convierte en un aspecto muy real, sobretodo, a partir del segundo año de vida del niño, aunque las bases de unas buenas prácticas disciplinarias se deben haber establecido mucho antes, mediante el cuidado responsable y cariñoso y el establecimiento gradual de rutinas.
Los límites deben ser razonables por lo que no debemos excedernos ni quedarnos cortos. Es aconsejable dar a los niños y jóvenes alguna libertad de elección. Los estudios nos demuestran que cuando los padres son cálidos, dan apoyo, controlan razonablemente y tiene altas expectativas, los niños están bien adaptados y desarrollan una sana autoestima.
El control paterno debe ser firme, favoreciendo la independencia del niño sin reducir sus oportunidades de experimentación y de ser espontáneo. La disciplina es un medio hacia un fin, una guía en el proceso y el mejor momento para empezar es lo más pronto posible, mediante una relación de afecto, confianza y respeto.
Los padres y madres necesitamos ser firmes y fuertes al mismo tiempo que cariñosos y flexibles en los momentos cruciales. Todos anhelamos educar a nuestros niños para que sean socialmente responsables, abiertos, amigables, competentes, creativos, razonablemente independientes y asertivos. Para ello debemos comunicar claramente las normas y las expectativas que tenemos con afirmaciones directas y en términos conductuales precisos y concretos. 
Está demostrado que los niños se dan cuenta de que sus padres se mantienen firmes porque se preocupan por ellos. Los niños saben, en el fondo, que no pueden afrontarlo todo solos. Necesitan a sus padres para que se hagan cargo de sus vidas y así poder aprender y experimentar en la vida con una base sólida y segura.
Los niños a los que no se les marcan unos limites precisos y pueden hacer lo que quieren todo el tiempo, interpretan esta permisividad como indiferencia y falta de cariño. Sienten que nada de lo que hacen es importante para que sus padres se preocupen por ellos.
Permanecer firme y seguro frente a las rabietas o enfados de nuestros hijos puede resultar difícil pero siempre va a merecer la pena a medio y largo plazo.

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